El abrazo entre Fuenlabrada y el Partizán de Belgrado que trascendió el deporte
En pleno corazón del sur de Madrid, Fuenlabrada ha sido escenario de una de las historias más emotivas del deporte europeo. No se trata de un título, ni de una hazaña en la cancha, sino de algo más profundo: un vínculo que nació en tiempos difíciles y que, más de treinta años después, sigue vivo con la misma fuerza que el primer día. Hablamos del singular hermanamiento entre el Baloncesto Fuenlabrada y el Partizán de Belgrado, un lazo que va mucho más allá del baloncesto.
Un refugio en tiempos de guerra
La temporada 91-92 fue una de las más convulsas en los Balcanes. En medio de la guerra, el Partizán de Belgrado, uno de los clubes más importantes de Serbia, tuvo que salir de su país para poder competir en la Euroliga. Sin posibilidad de jugar en casa, encontró un hogar inesperado: el pabellón Fernando Martín, en Fuenlabrada. Aquel gesto de acogida no fue solo deportivo, fue humano. La ciudad abrió sus puertas y su corazón, y el equipo serbio encontró en este rincón de la Comunidad de Madrid un apoyo incondicional.
Durante aquellas semanas, el Fernando Martín se convirtió en un pequeño pedazo de Belgrado. Los aficionados fuenlabreños no solo llenaron las gradas, también adoptaron al equipo como propio. El cariño y la pasión con la que fueron recibidos llevaron al Partizán a levantar el título de Euroliga, una gesta que, para muchos, no habría sido posible sin el respaldo que encontraron en Fuenlabrada.
Una amistad que perdura en el tiempo
Desde entonces, el vínculo entre ambas ciudades y aficiones no ha hecho más que crecer. Aunque los años han pasado, el recuerdo de aquellos días sigue vivo. Cada vez que hay una oportunidad, el sentimiento se renueva. Hace poco, aprovechando un partido de fútbol entre el Getafe y el Partizán en el Coliseum, un grupo de ultras serbios decidió hacer una parada especial: un peregrinaje hasta Fuenlabrada para visitar el pabellón Fernando Martín.
Ese gesto, espontáneo y lleno de emoción, es una prueba clara de que aquella historia no pertenece solo al pasado. Es una relación viva, alimentada por el respeto y la gratitud. Los seguidores del Partizán recorrieron los escasos kilómetros que separan Getafe de Fuenlabrada para rendir homenaje a un lugar que, para ellos, representa mucho más que cuatro paredes: representa un hogar en tiempos de necesidad.
Un ejemplo para el mundo del deporte
En una era donde el deporte a veces se mide solo por resultados, el vínculo entre Fuenlabrada y el Partizán de Belgrado es un recordatorio poderoso de que también puede ser sinónimo de solidaridad, hermandad y memoria. No se trata solo de baloncesto, ni siquiera de fútbol: se trata de personas, de emociones compartidas, de un momento en el que una ciudad española extendió la mano y cambió para siempre la historia de un equipo lejano.
Y es que, cuando se habla de Fuenlabrada, no solo se habla de una localidad con fuerte identidad deportiva, sino también de un lugar que, en un momento clave, supo dar ejemplo de humanidad. Esa es la verdadera victoria. Y ese es el legado que, partido a partido, visita tras visita, sigue escribiéndose entre Belgrado y nuestra ciudad.


